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Casi desvarío
¡Cuánta memoria arde en la luz!
¿Cuánta sombra cabe en un poema?
¿Eres tú palabra la brasa del verso,
El rostro triturado por las yemas de mis dedos?
La luna sale de mis uñas, casi húmeda
Con sus ojos blancos de papel crespón.
Los animales, allá en el horizonte, babean sombras
De sus bocas; luego lamen el viento
Hasta enternecer las pupilas.
Pero el poema sigue allí, sin que llegue a él:
Las pupilas derriten a Ícaro y no lo salva el Hombre Araña.
Sangra la vocal que dispara al verso;
Tiembla el cántaro de las sienes sobre la rosa:
Las rodillas inmóviles no alcanzan el poema.
El alfabeto empantana lo que escribo
Y es gozoso hundirse en el pantano y amanecer
Donde el sol inserta sus gritos.
¡Cuánta destrucción me das y aquí la doy al recuerdo!
Lluvia ciega. Ave Fénix el poema:
Llama del suspiro que la garganta lo escupe
Y lo transpira la piel en espectros agonizantes.
¡Cuántas lámparas y espejos en las palabras!
¡Ay de los que se pierdan y las conviertan en espadas
Y se corten a sí mismos la memoria!
© André Cruchaga
El Salvador, 2005
Arte de morir
Ya en romanos se nos dice: la aspiración de la carne
Es la muerte. Desde el ojo uno acaricia y se desnuda,
Se mira, se aprende la lección oscura de la muerte.
Ancha es la vida y sin embargo los azares pasan la factura;
Uno se llena de pasiones, nociones y ficciones para luego
Caer en la dulce antípoda del cielo: esa fosa
Donde yace la rosa y la roca y lo inevitable.
No hay nada más sereno que una guitarra desvencijada
Con su propio dolor; pero distinto a los efectos del sueño.
Sin embargo, sueño del aliento es la respiración cortada;
Esa otra palidez del límite. Hora vasta y agolpada.
A menudo nadie se da cuenta de su armadura,
Pese a que avanza hacia la tarde, mermando los vientos.
Cuando las hojas de la respiración callan y desvanecen
Y las palabras se tornan fragmentos extraños,
Es que en el sendero están los azacuanes anunciando
El cambio de estación.
Cuando uno se apaga, al fin, la trementina encarna la voz,
Las interrogaciones obtusas, los callejones de la lluvia,
La claridad, tal vez, que siempre se buscó.
Cuando morimos los lirios se encargan de la fiesta;
Mientras el relevo se consagra en otro nido con esa
Fantasía propia del tiempo.
Cuando morimos, la ansiedad del nicho nos espera
Para trasegar la luz al soplo del pálpito memorioso.
Cuando morimos, la experiencia es tal,
Que pareciera el oficio de un vigía resguardando amuletos.
Cuando morimos, en fin, el lecho se convierte en parábola
Y como todo clímax, hay un poema en el respiro…
© André Cruchaga
Imágenes
En la estación del ferrocarril,
Los vagones están llenos de pájaros.
En presencia de la noche ansiamos la luz.
Una mujer y un hombre cuando se aman
Se cobijan con la trementina de sus poros…
© André Cruchaga
Nostalgia por los portales
Maduran su aroma las pomas otoñales,
Antonio Machado
Ya no existen. Se los tragó la metafísica de la bruma.
En mi niñez prodigaban sombra y refugio:
Las almas trenzaban allí sus anécdotas;
Eran como muelles del mismo tiempo detenido:
Tiempo, ahora, sin rostro, encarnado en horizontes
Náufragos y movimientos miméticos.
Sin duda la noche hizo su milagro abisal
Al poner lienzos al trasluz del aliento
Y desvanecer la albahaca del espíritu.
Ya no existen. Y sin embargo, recuerdo sus pisos de laja,
Y sus horcones de caoba y sus techos de teja.
Recuerdo los haikus del viento lamiendo las paredes
De cal y canto e interpelando al viajero nocturno.
Apenas queda la eternidad de ese tiempo breve
Claramente como una vela en los orígenes de la memoria.
Tampoco viene ya el invierno con su promontorio de agua
Y su brisa olorosa a los condimentos del campo.
Pese a todo, acepto el tránsito fosforescente del tiempo.
Acepto la muerte de las distancias acechantes;
Pero no el deceso de la guacalchía en los aleros,
Pero no el ocaso de las hojas convertidas en harapos.
Acepto la respiración de las ciudades a través de cámaras fugaces;
Pero prefiero la alacena del paisaje a través de los portales,
Porque es como leer el periódico sin comerciales.
Ya no existen los portales. Ni existe aquella edad
Despertando en el arco iris de la lluvia.
No existen pese a la polvazón de los relojes,
Pese al albergue de ciertos respiros de la memoria.
© André Cruchaga
Entrar en uno y no encontrarse
Entrar en uno y no encontrarse con nadie durante horas y horas…
José María Rilke
Nadie puede vivir por ti, ni abrir los ojos por ti.
Nadie sonríe por ti, ni sueña por ti.
En las grandes oscuridades del alma, sólo uno, denso,
Inmóvil, petrificado por la ramazón de la memoria,
Enfrenta el tropel inefable de no encontrarse con nadie.
Nadie sangra por ti en las llagas del insomnio,
Por más que ahoguen los recuerdos y uno parezca suicida.
Yo camino entre las calles silenciosas de los barrotes:
Oigo el aleteo de los cuervos; rumbo a la garganta,
El aliento se corta; el tiempo, finalmente es sombra,
Inmensidad doliente, vastedad quebrando la vida.
He aquí gota a gota los cipreses del recuerdo,
La piel amarga de la intemperie como al principio…
A decir verdad, toda siembra da su fruto:
Buena o mala, sobre roca o tierra su fruto da.
Ahora conozco los túneles del alma y su ficción:
Nadie perdura, flor del corazón, estación de lluvia.
Nada es sin que sea verdad segura la ceguera
De desnudar sombras, delicados sueños, despertar del vértigo.
Ciego el espejo mismo mordiendo la noche
Cuando no te encuentras con nadie y ese nadie fue
Tu cielo, tu espesor y ahora un cúmulo de tumbas.
La ceniza arde. Se instaló en los vitrales.
Sobrevivir es mi batalla ganada al silencio: la agonía,
Los monólogos, la nostalgia, son tan sólo estampillas
De un rostro confuso y una desnudez callada…
© André Cruchaga
Estación de catacumbas
Como los dioses de los antiguos imperios,
Asoman implacables en las ventanas,
Fantasmas de hoy, cómplices de sombras,
Desdibujando el rocío de las sienes
Para que reine el iris árido de este cosmos,
Vida de museo donde la noche arrima
Desollados cuerpos, sótanos de próspero crepúsculo,
Calles con inalcanzables muros,
Fronteras donde el mar sube a las pupilas,
Y los navegantes se ahogan en el espejismo,
Desorden impuesto por el mimetismo de los disfraces.
Cuando el tiempo se vuelve huraño y oscuro,
Y el arroyo del vitral, mutismo,
Y la palabra se adhiere a la zarza del escombro
Y la oscuridad se torna sahumerio
Y el agua no sofoca el pozo del erial
Y el camino arde en los ecos de la conciencia
Y no hay arrullo visible, ni un candil
Para habitar los espejos,
Y la respiración deambula como luciérnaga
En la huella de mil papeles,
El hálito ha caído en el vacío y la hoja del aliento
A los vagones de un tren desvencijado.
Cuando las manos deshojan los vitrales
Y el íntimo alero de los astros roto,
Vivir es un prodigio. Una posibilidad
Frente al imán de la almohada.
Cuando las claves del sosiego desaparecen,
Y la ilusión animada del instante no cuenta,
Y el chubasco de la saliva es fuerte,
La eternidad se convierte en tímido guerrero,
Crepúsculo de transfigurados ausoles,
Rendija del miedo, bóveda de lacrada hojarasca,
Reloj de monásticos presagios,
Rumor desviviendo los pabilos de las lámparas.
Cuando esta suma de la muerte en su trayecto
No cesa,
Y los vientos de la pólvora tampoco callan,
Y la filosofía del miedo suspira en la savia,
Y el vuelo termina en velas y candelabros,
La vida ya no es posible, porque nadie vive
Sin la beatífica túnica de la armonía,
O en el claustro desnudo de la diáspora.
Cuando el dolor es urgida amenaza,
Y progresiva la tribulación en las sienes,
Un refugio es la hospitalidad más diáfana...
©André Cruchaga,
Barataria, 27. 09 de 2006,
Fuerza del escombro
No es fiable la ciudad, la casa, la ventana;
Nadie duerme ni se acuesta tranquilo
En su cama sabiendo que el vilo
Es el propio salvavidas ante el huracán
De la estafa, el asalto y el secuestro.
En el tranvía del sueño hay borrosas fantasías;
Las lianas del crimen supuran dolor.
Amanece y ya en los espejos de la bruma
Está esa ansiedad de desvivirse. En cada calle,
Uno descubre el duelo como nutritivo alimento,
El reloj del anhelo inválido, la respiración
Cruzando oscuros tapiales de adobe,
La fuerza del escombro asumiendo su propia hazaña
De hacer migrar la vida hacia el vacío.
Hoy es una aventura peligrosa vivir aquí:
La urgencia diaria de los párpados abiertos,
El laberinto de los portales arreciando los latidos,
La calle con su larga fatiga de hormigas carnívoras,
La brasa de la aflicción quemando el rocío,
La libertad olvidada en un cuaderno de balastos,
La vena transformada en espesa maleza.
En cada esquina cae la vida como gota de agua
Del tejado;
Nadie se atreve a construir la verdad,
Ni recobrar la serena brújula del alba,
Ni ser memorable rendija por donde la luz
Transforme esta sed en oasis de cábalas.
La noche arrecia y la vida resiste cuanto puede.
Crece la confusión al observar el mundo:
La nada aflige con sus rincones de polilla,
La hoguera brota como áureo incienso,
La ley es una feliz ausencia; en torno a ella
Se pasean los vitrales de la impunidad
Y las amnésicas paradojas de la ciudadanía.
En este tiempo sitiado por ventanas afónicas,
El aroma del buen augurio deja de ser alacena
Para convertirse en victoria de espinas.
Uno aprende, sin embargo, a abrir los ojos,
A respirar internamente en lo oscuro,
A sortear la babel de los espectros,
A salir a la calle y caminar con el miedo,
A alternar entre el nicho y el cadáver,
A ser otro helecho supurando ansiedades,
A ser otro ojo tendido sobre la ceniza
De este tránsito histórico.
©André Cruchaga,
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Con los ojos abiertos
A María Eugenia Caseiro,
Que conoce el calendario oscuro de este mundo.
Pero a pesar de tantos largos años oscuros,
(…)
espera que la luz se filtre en la sangre…
Rafael Alberti
Asfixia este sórdido burdel de las pasiones;
La violencia que exhibe su festejo de chicha.
Mujeres y hombres han oscurecido sus brazos de sudor,
Y transpirado orégano de llanto,
Y macerados delantales de cebollas,
Y comido ensaladas de negras chaquetas
Con trajes de rancia saliva.
El calendario es un río de mariscos nauseabundos,
Con bigotes de cansada palabra:
Los muertos bailan de hambre,
Pese a la carne que no disuelven los ojos,
Pese a la oferta de asados salpicando las sienes,
Pese a la carcajada ausculta
Chorreando ecos de espuma.
En los ojos festeja la losa de los bultos,
El galope de bostezos, el vértigo en la boca,
El polvo del aire rompiendo las retinas,
La zancadilla a los muslos flacos de la alegría,
La noche como roca las veinticuatro horas.
Sobre este universo se vive. La zozobra
Es sangre y oxígeno.
Hay hombres, mujeres y niños muriendo;
Las lianas de la violencia se extienden sobre el césped:
Oscuro es el viento para los que no han nacido;
La herrumbre del metal oscurece la luz,
La inocencia ha perdido sus dientes sanos;
En cambio, tenemos, alas mordidas por peces
De huidiza amargura,
Voces ahogándose en trinos oscuros,
Labios agrietándose entre las zarzas,
Escapularios de moradas túnicas,
Rosarios ahogándose en el vestido de la cobardía,
Anatomías como las líneas de la orina,
Arqueándose en efectiva geometría de lianas.
Más allá de toda esta piel de secas ojeras,
Y un poder disputado a señas de ciegos;
Más allá de la habitación oscura de una pareja,
Corriendo sobre los poros con los ojos cerrados,
Está hoy la urgencia de las ventanas,
Está el miedo cebado por el chantaje,
Está la mosca espiando las encías,
Como negros garbanzos de la noche.
Más allá de la risa en los despachos ministeriales,
Está el alarido del vestido
Y ese dolor del cuerpo, lento, sostenido
En las canaletas del camino.
No hay mano que seque este río de sal,
Ni memoria para suturar la calle rota,
Ni tierra fértil para plantar esperanzas gigantes,
Sólo puertas de trenzado silencio,
Donde la luz no usa su sombrero transparente,
Sino un alero de ciegos goterones…
©André Cruchaga,
Barataria, 08.10 de 2006,
Caverna del escalofrío
Cada paso en el fondo de la caverna
Donde el sol expira
Y la luna se vuelve una luciérnaga
Sobre los tapiales de las alucinaciones de los altares
Erigidos con los puzzles ebrios de las polillas.
Así asiste cada día el ojo al camposanto,
A esta alquimia de confusas lagartijas.
No es fácil en estos días ver la luz del césped en paz;
Imposible los jardines sin maleza
Hundidos en el escalofrío sonámbulo de los mapas,
Del tablón del horizonte,
De la malicia voraz de las alegorías.
Uno camina entre evangelios rotos, escaleras
De feroces huesos,
En este destierro a ciegas del filo;
Cada transeúnte lleva debajo de los pies
Heladas sábanas y feroces mordeduras de relámpago;
Cada transeúnte fabula anónimas jaulas
De tenaces puertas, diluvios de arrebatado horizonte.
Desde el fondo, la piel precaria, vulnerable
Olfatea el musgo de los sueños;
El hombre a solas, arrastrado por la lluvia del exterminio
Lo mismo que en un campo de concentración,
Donde otro mundo no existe, sino tuberías
Ávidas de deshechos.
Extraño es caminar dentro de este aliento de ponzoña
Y todavía aspirar un tren que derribe
La pesadilla de las puertas
Y borre la anatomía doméstica del cuerpo.
No encuentro explicación para esta boca de espasmos,
Ni para la peregrinación posesa de la violencia,
Tampoco por qué los párpados arrastran
Pólipos de helados dientes
Y barrotes de selva con secretos andenes.
Puede entenderse cualquier cosa, menos este desatino.
Alguien vulnera la Providencia
Y hace una carpa con los desaparecidos
En la secreta antesala del sollozo.
Alguien arrastra por el túnel de las pupilas,
Un museo de coagulados grises,
Hilo de hormigas como una hoguera de recuerdos,
Un pedazo del nosotros en deshabitado sepia,
Un desvarío de muertos acechando la vida.
Alguien se nutre con el ritual del crimen, degollados
Faroles puestos en envases de Coca Cola,
Agujas de la publicidad en colecciones de Tv cable,
Metal rock al amanecer sin cleenex,
Vistiendo un corazón de guijarros…
Barataria, 24. 09 de 2006
Círculo de la polilla
Hoy, unos confunden la verdad con ciertos fundamentalismos;
Otros el sueño con la tierra prometida.
Sin embargo, noche y día este siglo es sarcófago,
Nudo de puntos suspensivos,
Aleluya del vértigo
Y la prisa,
Vagido de rocas en la hojarasca de las sienes,
Labio en desorden rasgando nubes
De oscuras puertas
Y hojas oxidadas que crujen en la plenitud
Del delirio.
Todas las ciudades tienen arrugas en sus aleros.
Están asediadas por la tinta de la muerte.
Las murallas y su anacronismo y sus fantasmas,
Niegan el mínimo hálito de sosiego.
Mientras la niebla sea látigo de horror,
Y la lengua una sábana silenciosa;
Mientras el alfabeto no sea natural cortejo,
Y la esperanza acechante candelario,
Estaremos condenados al vacío,
Al ala náufraga del escombro.
Hoy, andamos cuadras, pasajes, kilómetros
De muerte. Los meses también son eso.
Lengua y muslos desembocan en tuberías;
Salimos y jamás regresamos a la misma puerta.
Dormir ya no es un verbo necesario;
Correr en cambio, se tornó imperativo
Frente a esta lluvia de alfileres
Horadando la conciencia.
La uña y el arma se han vuelto infinita caricia;
Trasluz de pústulas la comida,
Beatífica la doctrina clandestina del hampa,
Profético el lento fuego del alba.
La paz aún es ojo velado por la indiferencia.
Uno agoniza. A la garganta sube esta malsana
Geografía del miedo:
Monótona centella de la ceniza
Parecida a una veta de humo
Trepando en las sienes…
Mientras se discute el desvarío de la espuma
En los foros, el caos resuena
E irisa con su azogue
El viento augural de las ventanas…
Barataria, 22.10 de 2006
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André Cruchaga
Chalatenango -El Salvador-, 1957
Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación, además de profesor de humanidades. Ha desempeñado la función de docente director de Educación Básica ; se dedica a escribir poesía desde los catorce años.
Ha participado en diferentes certámenes nacionales y eventos literarios y publicado doce libros, entre los que destacan:
Libros : Alegoría de la palabra. Impresos Roqui, San Salvador, El Salvador, 1992 ; Fantasía del agua. Impresos Roqui, San Salvador, El Salvador, 1992 ; Fuego de la intimidad. Impresos Roqui, San Salvador, El Salvador, 1993 ; Espejo del invierno. 1ª edición Suplemento Cultural 3 Mil de Diario Latino, El Salvador, 1993 ; Memoria de Marylhurts. Interface Network, Oregon, USA, 1993 ; Visión de la muerte. 1ª. Edición, Suplemento Cultural 3 Mil, Diario Latino, 1994 ; 2ª edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1994 ; Antigua soledad. 1ª. Edición, revista Cultura del Ministerio de Educación [abril-junio de 1994] El Salvador ; Insomnio divagante. 1ª. Edición revista Presencia del Centro de Investigaciones Tecnológicas y Científicas[ año III, No, 12, 1991] ; Viento. 1ª. Edición, Suplemento Cultural 3 Mil, Diario Latino, El Salvador, 1995 ;Césped sobre el fuego. 1ª. Edición, Suplemento Cultural 3000 Mil, Diario Latino, El Salvador, 1995 ;Fugitiva luz de los espejos. 1ª, edición, Suplemento Cultural 3 Mil, Diario Latino, El Salvador, 1995 ;Fantasía del bosque. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1996 ;Enigma del tiempo. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1996 ;Roja vigilia. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1997 ;Querencia del follaje. 1ª. Edición, Impresos Roqui, El Salvador, 1998 ; Rumor de pájaros. 1ª. Edición, Editorial Clásicos Roxsil, Santa Tecla, El Salvador, 2002.
Antologías: Novísima poesía salvadoreña. Revista Presencia, año III, No.12, 1991 ; Poesía a mano. 1ª. Edición, Editorial Universitaria, Universidad de El Salvador, 1997 ; 100 escritores salvadoreños. 1ª. Edición, Editorial Clásicos Roxsil, El Salvador, 1997 ; Antología de una década. 1ª, edición, Casa de la Cultura de Zacatecoluca, CONCULTURA, El Salvador, 1998 ; Barraza Arriola, Marco Antonio. Lecturas literarias [Antología sobre la naturaleza, persona, historia y deidades en la literatura universal y salvadoreña] 1ª. Edición, Editorial Clásicos Roxsil, El Salvador, 2001 ; Antología de la poesía ispanoamericana.[Compiladora: Blanca Mateos ] www.palabravirtual.com México, 2003. Y biblioteca de voces del mismo portal ; Publica mensualmente, desde el año 2003, en la revista electrónica: El Libro de los poetas, de Islas canarias, España: http://es.geocities.com/ciberseniors/poesia.html Y, también en el sitio personal del poeta español Sergio Borao Llop , (Zaragoza) en la siguiente dirección: www.aragonesasi.com/sergio/index.htm ; Barraza Arriola, Marco Antonio y Rosa Victoria Serrano de López. Literatura, Lengua y Expresión. 1ª. Edición, Editorial Clásicos Roxsil, La Libertad, El Salvador, 2004.338p ; Antología “Paseo en verso”, Editorial Pasos en la Azotea, Querétaro, México, marzo de 2005 ; Canto a un prisionero. (Homenaje a los presos políticos en Turquía. Editorial Poetas Antiimperialistas de América, Ottawa, 2005. ISBN 1-894879-10-4 ; Revista Literaria baquiana. Anuario V, 2003-2004, Miami, Florida, USA, 2004.
Otras presencias en la Red: Dirige www.elgatoconbotas.com.sv y hay textos suyos en www.lacasadeasterion.homestead.com y en www.eldigoras.com, sitios llevados, respectivamente, por Guillermo Ortega (de la Universidad del Atlántico, Barranquilla, Colombia) y por poeta Francisco Javier Cubero.
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